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Hola a tod@s

Este es el extracto de la entrada.

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Voy a comenzar con este blog  para que conozcáis mis relatos y la forma de contar cosas de nuestra tierra  con sus gentes, sus recuerdos y vivencias, sus sueños y fantasías y …el mundo real y ficticio en el que nos movemos los que tenemos la suerte de escribir por el hecho de vivir.

in memoriam

     In memorian

 

Dejó de cantar el cuco

y de cloar la rana.

Llenó  de oscuridad el  día

privando de luz

a un mañana.

 

El águila cruzó el cielo

tapando el calor del sol,

solo el brillo  de un  lucero

al alba  acompañó.

 

Volvió a cantar el cucú

tras una rama escarlata

y volvió a cloar la rana

entre ovas estancadas .

 

Mientras….

la muerte seguía

en las alas

de aquel  águila,

con el sol en los oído

helando las esperanzas.

 

El campo se hizo eco

de una pena que rondaba

de boca en boca

diciendo

que no llegaría al alba,

aquel que cantó el mundo

de gitanos y guitarras,

de hombres de  amor

perdidos

y mujeres acechadas

por el verde de unos ojos

en medio de la madrugada.

 

Fue en ella que lo sacaron

a golpe de una culata

que iba marcando

el paso

del que fuera aristocracia.

Hoy,

uno más de aquellos

que cantaba entre palmas,

entre guejios y lloros,

entre pantalón y falda,

no comprendiendo

el porqué,

por

“entender”

lo mataban.

 

Sus pasos se detuvieron.

Se oyó

un solo disparo.

Un cuerpo

cayó a la tierra.

Sus ojos no se cerraron.

 

Quedó en medio de la noche.

Solo,

sin más protección

que su mente

recordando

su paso por este

“rincón”

que hoy le daba la espalda

y ayer buscaban

al “dios”.

 

Cerró los ojos abiertos.

Forzó su mente y

recordó

unos versos

al son de martinete

mientras vivían

la pasión

aquellos que como él

no ocultaban su amor.

 

Del cielo bajo una guitarra

¿o vino del paredón

donde otros como él

quedarían  sin panteón…?

 

¡Que más da

en este momento!

pensó

haciendo de Federico,

si en breve estaré

brindando

con Chicuelo y Lagartijo.

 

Sus ojos seguían cerrados

mas su mente de allí voló,

y oyó un acorde lejano

que le hizo recordar

aquellos sueños de antaño,

que convirtió en canción:

 

….Y se cerraron las puertas.

Y chirrió el cerrojo.

Y prendieron las ascuas

sobre su tibio rescoldo.

 

Ni  la luna puso luz,

ni las estrellas brillaron

cuando su cuerpo se  abrió,

ante el brío de otros brazos.

 

Humor con humor se unió

al son de un quejido sordo

en guitarra de pulso y piel

que esperaba ser del “otro”.

 

Se deshicieron las horas

junto a una luna robada,

y aparecieron estrellas

en la habitación cegada.

 

Crujió de nuevo el cerrojo

Y  tras la puerta entornada,

dos cuerpos entrelazados

se convirtieron  en  guitarra

con “quejío” de cante jondo

que salía de sus entrañas…

 

Mientras…

en el cielo,

la luna moruna estaba,

con brillo de joven novia

a la espera de

su alma.

 

 

 

 

 

 

Entre Bemoles

En el silencio del alma oyó los clarines que marcarían un antes y un después en su vida. Poco a poco, como la tormenta se acerca entre truenos y relámpagos, aquella última música que le mecía  en el aire se fue haciendo cada vez más ensordecedora forzándola a  cerrar los ojos y  apretar  los oídos con ambas manos.  Escondida  en sí misma  evocó aquella primera ópera oída bajo un manto de estrellas, con el eco gutural de la entrecortada voz del tenor que daba vida a Hernani. No entendía nada de lo que los protagonistas se afanaban en comunicar entre suspiros de amor,  pero no quiso romper el momento mágico con preguntas livianas. Recordó como  entre el segundo y tercer acto, sintió el aleteo de unos labios en su oído repitiendo la traducción  que minutos antes habían disfrutado. Sintió miedo.  Estaba en medio de la nada y a merced del viento del Este y del Oeste.  Se levantó y coqueteó con el espacio para dejar distancia entre ambos, hasta que  volvió a sonar la música. Sintió  una mano huesuda y larga que la atrajo  de nuevo invitándola a ocupar su palco de honor entre cojines a la luz de una tímida luna.  Se sentó y su cuerpo tembló. El tenor lanzó su voz y unos labios cercanos susurraban la traducción de un Hernani cada vez más apasionado. Haciendo un gran esfuerzo y no queriendo romper el hechizo del momento, se atrevió a decir sin apenas oírse: ¿Quieres una noche de amor o una amistad para toda la vida?

Se hizo el silencio y Hernani enmudeció  hermanándose con ellos. Esta vez la mano le ayudó a levantarse de aquel palco improvisado  y la invitó a cenar, y ahí comenzó la relación más turbulenta que cuerpo humano puede resistir a lo largo de cincuenta años.

Retiró las manos de los oídos y volvió al presente. El eco de las últimas notas hacía intentos por  arrullar la despedida. Cerró los ojos y sintió que una vez más la música estaba presente marcándole los tiempos.

solo un motivo-micro relato

Corrió tras de él hasta que sus cortas zancadas hicieron que lo perdiera en el horizonte. Volvió sobre sus pasos y ante una copa de brandy, comenzó a degustar los recuerdos que entre sorbo y sorbo volvían a su memoria.

Cerró los ojos y lloró su ausencia. La misma que días antes le había rogado como salida a su estabilidad mental.

Odiaba la dependencia que tenia de sus brazos en los momentos de niñez inducida, de su hombro cuando al final de la tarde el cansancio la anulaba o de su voz pidiéndole pasión…

El sabor seco del brandy le había dado la fuerza para despedirlo, sin embargo en un momento de debilidad, corrió como una histérica tras de él, por miedo a la soledad… ¿o no? …o… ¿solo era para seguir teniendo un motivo para sentirse desgraciada?

 

…. a mujer arreglada

Pocos son los recuerdos  que no vayan acompañados  a algún aroma, y curiosamente tanto el olfato como el oído, son ayudantes imprescindibles  a los recuerdos. Igualmente curioso es que para evocarlos, cerramos los ojos y así nos trasladamos a aquel momento que se quedó clavado en nuestra memoria.

Mi nieta, no por adopción sino por cariño, en unos de esos días que me sigue allá a donde vaya, me siguió hasta un dormitorio que por esas cosas del azar se quedó para invitados ilustres (mi familia) y en el que sobre una especie de cómoda –tocador tengo unos frascos de colonia que compré por internet al ser una tirada especial de Myrurgia,  con los envases  originales para los perfumes, Joya, Tabú y Madera de Oriente. Como cada vez que me detengo a admirarlos, abrí el de Joya…lo olí y se lo di a oler a ella; nos miramos e hicimos una mueca de sí…pero probemos otro. Justo al lado estaba el de Tabú, e hice el mismo ritual…pero al dárselo a oler, me miro y me dijo – Abu este huele a mujer arreglada– le sonreí y volví a llevármelo a la nariz y cerrando los ojos me fui detrás de aquel perfume que me trasladó a una situación semejante a la que estábamos viviendo….mi madre “arreglá” y yo esperando me pusiera una gota en la mano de aquel perfume que se ponía en puntuales ocasiones y que todas ellas iban ligadas a un día especial…tan especial que aun hoy al cerrar los ojos y olerlo…tiene el poder de convertirme en aquella niña que veía a su madre como la mujer más guapa y que mejor olía de todo su mundo.

-Abu ¿en que estas pensando? – me dijo al verme trasportada a otro tiempo – y le dije – en ti, cuando yo me haga mayor y tú me des a oler este perfume y nos haga volver a este momento en el que yo te enseño y tu me admiras.

De vuelta al cole

 

Balanceándose estaba

en su liana jugosa, limpia y reluciente,

más al lado de él estaba,

quien de otra liana saltaba

por  seca, áspera y maloliente.

Al encontrarse los dos

felices se dieron la mano

¡ más fuerza que uno hacen dos!

pensaron más, que como conocidos,

hermanos.

Relajaron sus patitas

para poder agarra

sus pequeños cuerpecitos

que no dejaban de balancear

al golpe  de aquí o allá.

Más como nada perdura

oyeron una voz  gritar

¡Laura vente a la ducha

que te voy a despiojar!

¿Por qué tanta limpieza?

¡Si a ellos les daba igual!

Solo querían los cabellos

para poder succionar el

alimento diario….

¡que mas daba lo demás….!

Pero al oír aquella voz

se pusieron a temblar

y saltaron como pulgas

de Laura, al suelo  y al sofá,

perdiendo la sintonía

de unos minutos atrás.

¡La amistad tiene sus límites

cuando la vida se ha de salvar!

pasaje de una novela……

Carmen estaba feliz desde el día que recibió la visita de su niña. Las vecinas le preguntaban una y otra vez por aquella señorita que había aterrizado en su casa como por arte de magia. Nunca le conocieron familiares y nunca ella había hablado de su vida. Sabían que su marido murió en la guerra y como eran del otro bando nadie sacaba a relucir el tema por miedo a las represalias para con la viuda. No se podía saber quien ponía el oído para ayudar y quien para mal meter.

El Andrés era buena persona, pero lo liaron en la guerra y cuando terminó se echó al monte con unos cuantos que sabían más que él, pero no tenían ni su valor ni sus arrestos. Así que se pasó un año tirado por esos montes de Dios a expensa de unos y otros que dejaban comida al pie de la “encina vieja” para que subsistieran hasta que pudieran bajar. Y bajaron. Pero cuando lo hicieron fue con los pies por delante. Alguien dio el chivatazo para seguir viviendo bien a expensa de aquel que se las daba de ser el mejor cazador de rojos y  con mejor olfato que los perros de la reala del marqués.

A  Carmen se le pararon los pulsos cuando ante su puerta, una buena vecina le dio la noticia. Se echó el mantón por la cabeza y corrió camino de la salida de la aldea para que se lo dejaran en su casa. Tiradito estaba en el suelo como si fuera un fardo. La cabeza ensangrentada y la cara más negra que el alma del que hubiera hecho aquello. Como no era conocido en Azuaga lo dejaron en la aldea para escarmiento de los que quisieran sacar los pies del plato. Dos días con sus noches estuvo a la puerta del cementerio sin que nadie tuviera arrestos para acompañar a Carmen que se sentó a su lado con el mantón por encima para no ver a nadie. Gracias a que era  otoño y el calor no apretaba pudo aguantar a su lado sin moverse. Alguna vecina le llevo un frasquito de colonia con dos pañuelos blancos y limpios. Uno se lo puso ella, con unas gotas de colonia sobre la nariz y el otro le tapó la ennegrecida cara a su Andrés.  En la madrugada del segundo día, apareció el enterrador con la orden de que lo enterrase en tierra civil. Allí nadie se había enterrado en aquel sitio y Carmen no sabía donde era. Se fue tras el Eustaquio que con pala y pico comenzó a cavar un agujero fuera de  las tapias del cementerio. Pared con pared con el nicho de sus padres. Pero fuera. Era el único que se iba a quedar en medio del campo como un perro.

El Eustaquio era bueno y se le partía el corazón ver lo que tenía que hacer, así que aprovechando la soledad de la noche y la ayuda de Carmen, lo enterraron en santo junto a su suegro. Mientras Carmen picaba en el suelo con la fuerza de una loba para  terminar cuanto antes el agujero al lado de la tapia, y Eustaquio terminaba de dar sepultura. Al terminar el enterramiento desapareció para volver al rato con una oveja en los brazos con la cabeza tan machacada como la del Andrés. Carmen se le quedó mirando con tanto agradecimiento que de los ojos de él cayeron las  lágrimas de dolor que Carmen no podía soltar. Pusieron una piedra encima y cada uno se fue a su casa. Los siguientes días nadie pasó por aquel lugar donde las moscas revoloteaban sobre un montón de tierra, pero el Eustaquio echo cal viva sobre aquella tierra que cubría lo que no cubría para que las moscas se fueran y los vecinos entraran a visitar a sus muertos sin miedos a ser picados por alguna de ellas.

Nunca más cruzaron palabra sobre lo ocurrido aquella noche. Cada día de los difuntos Carmen ponía dos ramos de crisantemos, uno dentro del cementerio y otro fuera.

Con los años agrandaron el cementerio por la parte del supuesto enterramiento civil. Nadie movió restos. Aquella noche se quedó bajo los cimientos de un nuevo nicho.

Cuando el Eustaquio  se tiró al pozo, enfermo de los nervios, y la llamó su mujer para ver que hacían,  Carmen se encargo de hablar con las autoridades. No iba a consentir que le enterraran en medio de la nada. Mintió. Mintió una y mil veces diciendo que vio como se le liaba la cuerda a los pies y se caía dentro sin poder hacer nada ni su mujer ni ella, que estaban cerca. Al Eustaquio le daban ataque por los nervios y más de una vez se había caído al suelo con los ojos vueltos y echando espuma por la boca, y eso lo habían visto más de dos. ¿Quién podía asegurar que ahora no había sido igual? Nunca hablaron las dos mujeres del porqué de las mentiras que había dicho. Seguro que lo sabría. Dos que duermen en un colchón se vuelven de la misma opinión. Hoy por ti y mañana por mí……….

 

LA GOMA

A veces cerramos los ojos y sin querer nos viene a la memoria imágenes de escenas pasadas; imágenes que en su día no tenían la dimensión que tienen hoy, o la tenían pero no éramos conscientes de ella.

Una de estas estampas era la llegada de familiares que vivían en las grandes ciudades y que con suerte cada dos o tres años nos visitaban.

Viendo la película Estación central de Brasil del cineasta Walter Salles, donde unos hermanos adolescentes que viven solos reciben la visita inesperada de un hermano que desconocían y al que abren su casa y su corazón,volcándose con todo el cariño guardado año tras año de soledad y que en la primera ocasión que tienen se desbordan dando lugar a escenas de emoción contenida, hace que  evoque cuando de pequeña y no tanto, venía algún familiar. Nuestra vida cambiaba. No sólo venía la prima o la tía… venía Madrid, Córdoba, Barcelona… Nuestra casa se convertía en un bullicioso hotel de idas y venidas, de tertulias extravagantes y un poco cinéfilas al unirse la historia con las fantasías contenidas de largos inviernos en las que los protagonistas eran los libros, los cuadernos, la radio, las largas noches de agua y viento, alumbrados por la tenue luz de alguna retorcida vela sustituta de la bombilla en el cotidiano apagón de luz.

Lo cierto es que aquéllas visitas me hacían importante ante mis compañeras, al mostrarle algún que otro regalo traído de la capital.

Recuerdo especialmente uno de aquellos obsequios. Era una goma de borrar grandísima, enorme para ser una goma; de forma rectangular y que pesaba casi cien gramos. ¡Uf fui la reina durante semanas! por mucho que prestara la goma, no se le notaba el desgaste. La goma tenía otras funciones, por ejemplo: de pelota entre clase y clase. Volaba del primer pupitre al último y así paseándose por los aires de un rincón al otro de la clase. Claro  que me extrañaba que aquella situación durase mucho tiempo y más conociendo a la monja de turno a la que en alguna ocasión le había rozado su almidonada cofia.

El principio del fin fue la requisa por parte de la Hermana, y su final último, la división en pequeños pedazos.

No me gustó nada aquel reparto de la propiedad ajena y sobre todo por alguien tan ajeno a la propiedad; pero lo que más me dolía era perder mi reinado en la clase .Se acabó la goma se acabó el protagonismo; protagonismo que venía de la capital y de los tesoros que en ella había…

Me he salido un poco del tema,  presa de los recuerdos!!

Estaba recordando imágenes grabadas en nuestra memoria o en nuestra retina y que salen a la luz en un  momento dado y cuando surgen intentamos buscar su paralelismo en escenas de hoy. Pero no las hay porque no sólo hemos cambiado nosotros. Ha cambiado el espacio y el tiempo… Madrid, Córdoba o Barcelona lo tenemos a diario a través de la televisión o de cualquier otro medio; y los primos cuando vienen te cuentan pocas cosas nuevas. La luz no se va y las velas no se retuercen por el calor, ahora huelen a frutas o a flores y las ponemos para decorar la casa. Los inviernos son tan alegres como los veranos….

Somos adultos y soñamos poco. Y  la fantasía se quedó partida y repartida, como mi grandísima goma de borrar.